Si el mundo no se mueve ante nada, que baile al menos, que gire con su fuerza y empuje el viento nuestro pelo. Que los aromas de los mares nos den el rumbo para sostener el ritmo y aún en el sueño no perdamos el compás. Y a uno que se vaya que venga otro y la coreografía salga adelante.
Así la música nos borre el llanto como bálsamo estelar, que nos enseñe a amarlo todo desde su escala absoluta. Y tras una nota prosiga otra en una secuencia inacabada y no haya dudas. Que se lleve la palabra y nos la devuelva pura, sin que sea de nadie, y nuestro himno sea la vida.
1 comentarios:
Como siempre, sublime.
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