Por caminos pasados llego al Paraíso. Atrás quedan los brillantes adornos de magníficos palacios y, con ellos, las formas y colores que fascinaron mis ojos. Todas las oscuridades se han marchado como soplo divino, toda verdad perseguida ha crecido en duda. Y así, como el mundo me vio por vez primera fijo mis pies al suelo y dejo que los vientos me acaricien.
No me olvido del desierto, ni de los hombros cansados. Tampoco me es extraña la compañía de las bestias en las extensas llanuras. Las siete puertas del alma se abren cual amantes ante los cantos nuevos. Y las leyendas, estropeadas por el tiempo, saben de forma distinta ahora. No nos dejan sentir el miedo de los hombres. No sabemos de lo incierto y despreciamos lo que ya estaba aquí antes que nosotros. Pero el momento de desnudarnos ha llegado. Y todo es luz arrojada con fuerza a la penumbra de los misterios. Y busqué los números para ser libre. Y los signos para gobernarme. Y nada de ello, del inicio al final, puede vetar los sueños. Y el aire es la arista del ciclo. Y es vida.
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